Mi llave...

Me desperté con los primeros rayos de sol de la mañana, esta mañana de invierno, invierno realmente duro de soportar en mi cuerpo dolorido y marchito. Ensimismada por el haz de luz y sus reflejos, sin ningún pensamiento, no fui consciente hasta pasados unos minutos. Me disponía a realizar mis estiramientos matutinos cuando fui consciente de mi descanso, creí soñar...
Mi cuerpo no gritaba, ni un solo dolor, ni tenue, ni sordo, ni fuerte. Nada me impedía levantarme y de un salto salí de la cama. Podía levantar mis brazos sin temor, arrodillarme y levantarme sin dificultad, girar el cuello en todas direcciones, andar descalza sin dolor en la planta de mis pies y así un sin fin de gestos, posturas que adoptar sin ninguna consecuencia fatal.
¡Tantos pensamientos acudían a mi cabeza! ¡tantas cosas que podría hacer en el día! no sabía por donde empezar. Empecé por ducharme, ponerme todas esas cremas para cuidar mi cuerpo, mi cara, mi pelo. Peinarme y maquillarme, elegir la ropa que más me apetecía, ropa ajustada, tacones, pendientes y colgantes grandes. Después de todo aquel festival de cuidados y cosas impensables ayer, me disponía a salir de casa, pensaba en el trabajo, en subir y bajar escaleras sin descanso, incluso en ir en autobus, ir andando a todos los sitios y la tarde...
Esa tarde que podría aprovechar para pasear, hacer deporte, ir de compras, visitar a mi familia, amigos y hasta pensaba en salir de noche... A cenar, bailar, poder tomar un coctel ¡Ufff! No iba a tener día suficiente.
Cogí el abrigo, bufanda, guantes y me dirigí a la puerta:
- "¡Voy a comerme el mundo!".- pensé o ¿quizá grité?
Un paso más, asir el pomo de la puerta y ya...
- "¡No se abre la puerta! ¿Qué pasa? ¡Quiero salir! ¡Necesito salir!..."

¿Creí? O quizás... 

Soñaba...

Toda jaula tiene una llave y la mía es soñar.


Mar, rosa azul.

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