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Mostrando entradas de agosto, 2017

¡Ay! Si pudiéramos bajarnos de la moto...

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"Mañana me dolerá todo, pero como digo, he tenido suerte, porque me he golpeado muy fuerte la cadera y el brazo izquierdo, y con el brazo las costillas" Así describía el deportista su caída este fin de semana, a pesar de ello, se subió a la moto y aguantó estoicamente el dolor. Como él, muchos deportistas sufren caídas y aún doloridos continúan la competición mientras pueden. Los comentaristas no dejan de recordarnos que el piloto o deportista lleva aguantando el dolor toda la competición y "son unos héroes" "están hechos de otra pasta" Hasta que ya no pueden más y se retiran, o cuentan con que al cruzar la meta le medicarán y con eso y un descanso el dolor se irá.Pero...¿Y si supieran que el dolor no se irá?, o...¿Y si no pudieran bajarse de la moto o parar cuando ya no se puede aguantar más el dolor?.
No hay mejor manera de entenderlo que cuando uno lo sufre en sus propias carnes. Cuando llevas tres mañanas seguidas en las que te levantas de la cama súpe…

Responsable sí, pero... ¿y de mi salud? ¿Soy responsable?

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Ser responsable: un acto que me enseñaron desde muy pequeña. Siempre la responsabilidad pero nunca con mi persona, con los demás si, responsable de mis actos con respeto hacia los demás sí, al crecer responsable de los más pequeños también, pero nunca responsable de mi enfermedad, mi salud, mi forma de vida sana. Ahora, a mis 48 años tengo que aprender a ser responsable, esa responsabilidad que nadie me enseñó, que nunca aprendí.Aprender a ser "paciente", con paciencia, consciente, constante, respetando a los demás pero mirando mi conveniencia, por mi salud, por mi bienestar y por mi mejor calidad de vida.Me pregunto ¿cómo lo consigo?Desde hace algunos años he aprendido que mi bienestar también es muy importante para mi entorno, para la felicidad de las personas que me rodean, verdaderamente me quieren y les importo. He aprendido que primero hay que quererse a uno mismo y valorar las cosas que suponen un reto y conseguirlas, por pequeñas que sean, aunque nadie más las valore…

Evitar el descontrol. Paso a paso.

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He luchado y lucho por mi salud, encuentro y aprendo como afrontar mejor el día a día. Tengo todo bajo control, mis profesionales (médico, enfermera, psicólogas, entrenador, terapeuta) me ayudan, enseñan y apoyan.Todo perfecto... ¿o no?Descubro que una mala racha, trabajo que no puedo ni quiero dejar o cosas que rondan por mi cabeza consiguen volver a descontrolarme.Mis profesionales ya están en sus merecidas vacaciones. Tengo las herramientas necesarias para coger  fuerte las riendas y evitar que el caballo se desboque, aún así siento que falta poco para que ocurra, y no puedo ni quiero abordar el problema que supone volver a descontrolarme.¿Cómo reacciono? ¿Qué debo hacer primero?
Estoy poniendo de excusa el trabajo  para ese descontrol, primer paso: reconocerlo.
Me autoconvenzo de que en cuanto tenga vacaciones me pongo en serio. Segundo paso: reconocer que es otra excusa, quizás en quince días ya sea demasiado tarde.
Tercer paso: ¿Qué puedo hacer por mí ahora mismo? Levantarme y toma…