28 de octubre de 2017

"Mi sitio seguro" La importancia de una buena terapia psicológica.

Durante los años en los que no sabía que tenía Fibromialgia, con dolor y múltiples síntomas, he pasado por momentos de pánico, depresión por baja autoestima, pensamientos negativos y muchos momentos de autodestrucción personal. En esos años no aprendí nada, volvía a repetir conductas negativas para mí y por supuesto para mi entorno. El diagnóstico en Fibromialgia me hizo ver por primera vez que la única razón para mis pensamientos negativos era creerme culpable de mi debilidad y creer todas las etiquetas que me impusieron durante el trayecto: Vaga, poco puede, quejica... cuando yo no era, ni soy, culpable de padecer Fibromialgia y sus múltiples síntomas, simplemente no supe afrontar los problemas ni expresar mis emociones. Saber que no inventaba nada, que reconocieran que no inventaba nada, fue el primer paso hacia una mejoría en mi autoestima. Con los años aprendí que es muy valiosa y meritoria la lucha que mantengo día a día por vivir decentemente y que debería reconocer más ese esfuerzo diario. Aprendí que dedicarse tiempo a una misma y tener una vida relajada me ayudaba pero nunca creí en la ayuda exterior, pedir ayuda y que la ayuda psicológica sería parte tan importante en mi vida y tan necesaria.

Es complicado reconocer las equivocaciones, las aciones erróneas, las malas ideas y los momentos, vivencias, sentimientos personales. Creí que había cosas que nadie tendría porque saber, que algunas ideas o pensamientos me los llevaría a la tumba. Es la tumba la que vendrá antes de tiempo si no soy capaz de soltar todo eso que llevo dentro. Y es ahora, cuando creía superadas todas las cosas del pasado, cuando mi autoestima es buena, cuando más tranquila estaba y mejor es mi calidad de vida que ya estoy preparada para ello:  pedir ayuda, soltar lastre, dejarme ayudar y mantener plena confianza con mis psicólogas.

Mientras limpio la estela que he ido dejando, el rastro que no quedaba atrás por mucho que me empeñara en correr, es cuando debo pasar por malos momentos revolviendo la mierda, reconociendo todo cuanto pasó por mi cabeza, aquello que más me afectó para saber afrontar el futuro con ganas y dejar atrás pero resueltos los conflictos del pasado.

Cosas que no pensé que me afectaran, me afectan, y más de lo que pudiera llegar a creer. Vivencias tan simples como hacer las tareas de casa, para mí siempre frustrantes, tienen un sentido, un porque a mi odio hacia esas tareas y a los síntomas que me aparecen cuando me dispongo a hacerlas. Y ahora que sé a qué se deben, paso por fines de semana horrorosos porque me enfrento a esas tareas de manera consciente, sabiendo que sin darme cuenta, enseñé a mi mente a mandar señales de alarma porque para mí suponía un problema enfrentarme a esas tareas. Eso no significa que los dolores me los invente, no, son muy reales, tan reales como la señal que manda nuestro cerebro a una parte malherida como alerta. Durante unas semanas mi sintomatología empeoró, no dormía o me despertaba muchísimo, mareos, malestar estomacal, cuello súper rígido, dolor de cabeza fuerte...


Poco a poco voy mejorando y ahora soy capaz de afrontar tareas que ni creía ser capaz de hacer. Todo con mucho trabajo y esfuerzo, no voy a engañar, pero con una gran recompensa y es saber que soy capaz. 


He aprendido que Fibromialgia es todo lo que me ha pasado en la vida y en lo único que pensaba, sin ser capaz de ver más allá, que no hay nada peor para que venza que dejarse llevar por los nervios, no saber enfrentarse a los problemas y no poner nombre a esas emociones que siento para poder expresarlas.


En las sesiones psicológicas aprendo el por qué de las emociones, a saber controlarlas y expresarlas, a estar tranquila, a relajarme y organizarme, en definitiva, a cuidarme. Hay muchas herramientas que ponen a mi alcance para poder llevar mejor mi día a día pero la última que estoy aprendiendo a manejar es sumamente reconfortante y bonita. 



Más de una vez creí y me dije a misma:


"Si dijera que estoy muy cansada a nadie le importaría. Me lloverían reproches. Lo sé perfectamente. Me gustaría tener cierta libertad, poder escaparme de todo eso y tener un lugar al margen de tanta presión, un lugar para la tranquilidad y La Paz."


"Mi sitio seguro". ¿En que consiste? 


Nada más y nada menos que encontrar un sitio que me de seguridad, me calme y relaje en los momentos más conflictivos. No es cuestión de irse a buscarlo, ni de estar en él físicamente, es cuestión de pensar en ese sitio, de imaginarte en él, de sentirte segura.

En principio tenía que ser un lugar donde ya hubiera estado y me hubiera encontrado a gusto, para poder visualizar mejor. No tenía muchos detalles para recordarle, a si que partí de un lugar del que sólo recordaba un retazo, un momento. Fui practicando mi visualización mental de aquel sitio, empecé a ampliar el lugar haciendo de él un lugar imaginario en el que me siento completamente en paz. Imaginaos un bosque de árboles altos, con hojas verdes y amarillas donde en un extremo hay un acantilado en el que golpean las olas del mar, con un color intenso hasta el horizonte donde se junta con un cielo al atardecer. Cruzando el bosque hay un camino que baja a una explanada verde donde hay una casa con la fachada empedrada y un tejado hecho de paja seca. En el lateral de la casa hay unas escaleras que llevan a una gran balconada acristalada con vistas al bosque y donde hay una inmensa estantería con libros que cubre toda la estancia y en el rincón una agradable mecedora donde sentarte a leer u observar el bosque.

Ese es "mi lugar seguro", le visito unos 10 minutos al día y las palabras clave para llevarme allí son: tranquilidad, confort y sola. La palabra sola lleva una connotación positiva, esa soledad que buscas para encontrarte contigo mismo.




No sería capaz de visualizar ese "sitio seguro" sin la ayuda de mis psicólogas, estamos trabajando en todo ello y se que hay que empeorar para mejorar y asumir ciertas cosas. Ya soy consciente de ello.

A estas alturas es muy probable que no pueda volver a enseñar a mi cerebro que no mande esas alertas que empeoran mi sintomatología (por la cantidad de años que llevo enseñándole) pero lo voy a intentar. 


 ¡Vaya si lo voy a intentar!


A todos los que padecéis Fibromialgia os recomiendo y os muestro la necesidad de una buena ayuda psicológica, es parte fundamental de una mejoría en nuestra calidad de vida. 



Mar.

9 de octubre de 2017

Una tarde cualquiera de octubre ¿o no? Es cuestión de actitud.

Una tarde cualquiera de octubre ¿o no? La temperatura es agradable, no hace falta chaqueta. El sol se filtra entre los árboles dibujando las siluetas, altas y alargadas. La gente aprovecha para pasear con los niños, con sus mascotas, con su pareja, o como yo, sale a ejercitarse.



Durante el recorrido escucho música y reflexiono sobre lo que he podido aprender a observar en los meses, pocos, que llevo en terapia psicológica. Ya no es aquella psicóloga de antaño que solo hacía que escuchaba y apuntaba algo de cuando en cuando, que al principio de cada consulta simplemente me decía: "el día anterior lo habíamos dejado en..." yo hablaba, hablaba y tenía la sensación de hablarle a una pared. Y al final de la consulta te recetaba algo nuevo o modificaba la dosis y me daba cita para el siguiente día. No, ahora la cosa a cambiado, y mucho. En mis psicólogas, sí, tengo dos, hacen juntas la terapia (más afortunada no puedo ser, se complementan muy bien) tengo plena confianza porque me han demostrado con creces que están muy implicadas en mi mejora. Me preguntan, me explican, me ponen tareas, vigilan mi ejercicio, mi alimentación, mi medicación y lo que creo es más importante: me dan pautas para cambiar y entender mis emociones, para que pueda y sepa expresar esas emociones que a veces siento y no sé que son. Hacen que tenga seguridad en mi misma, en mis capacidades, me alientan en conseguir logros y reconocen cuando los consigo, también me dan un toque cuando bajo el ritmo porque no debo bajar la guardia más que cuando necesito estar relajada y tengo que controlar los nervios, el estrés que tan mal nos hace.

Observando, he aprendido y entendido muchas cosas. Pero llevo tiempo observando una muy particular que hoy en mi recorrido he confirmado. Siempre, desde la infancia, mi postura corporal era ir con la cabeza baja y la espalda arqueada, agachada. Mi abuela siempre me daba un toque en la espalda y me decía: "Ponte recta" una postura que he mantenido hasta hace muy poco, y aún a veces la tengo. Me he dado cuenta que de un tiempo a esta parte, mi postura corporal a cambiado, voy más recta y sin esfuerzo, sin darme cuenta. Solo en momentos puntuales me fijo y si, voy recta.

Si iba erguida me sentía egocéntrica y pedante, nada más lejos de la realidad, me han enseñado que ir con la postura recta y la cabeza levantada es tener confianza en uno mismo, valorarse.

Es el cambio de actitud: Llevar la mochila detrás y cargar con el peso en la espalda o ponerse la mochila delante, aprender a enseñarla y valorar el mérito que cada uno tenemos.



Y en mis auriculares suena una de mis canciones favoritas "Smile" mientras veo a tres pequeños mellizos correr por el parque y sonriendo. Esos pequeños detalles, una tarde cualquiera de otoño o de octubre soleado, en cualquier caso: una bonita tarde.


Mar.