5 de febrero de 2015

Parece que la rutina vuelve. ¡Momento tan deseado cuando tienes un brote!

Ayer en la mañana opté por quedarme en casa y poner al día las cosas de casa. A primera hora de la mañana resulta difícil ponerse en pie, es algo habitual, a si que empecé por poca cosa, qué bemoles tiene la cosa hasta que decides por donde tirar. Después de tareas, descanso y pongo la tele mientras doblo calcetines por la cosa de que no se me haga muy aburrido. Decido poner el único canal que me parece más serio porque ¡Hay que ver como está la TV por las mañana! Y después de un par de noticias, más o menos interesantes, terminan hablando de una famosa presa y las bragas que le han robado, que si como son las bragas, que si donde están las bragas, total que de lo más interesante. A medio día me surge el ir a trabajar, al centro de Madrid, visita a domicilio y tantas son las ganas de salir a la calle que a toda prisa pongo de comer y yo me voy a la ducha. Es tanto el énfasis que pongo a las cosas que me descubro en el espejo secándome el pelo con el secador en una mano y con la otra removiendome el pelo como una posesa.

-"¡Donde vas con tanta prisa!"
"Hay niña, como no aprendas a dosificar, de esta no sales"

Una conversación conmigo misma que me pone con los pies en el suelo y me hace tomarlo con más calma.
(Creo que nunca he contado mi guerra con los tapones de cualquier tipo de botes, frascos y demás artilugios de la familia). Pues a pesar de haber frenado, o eso creía yo, después de ponerme desodorante Me dispongo a taparle y no había manera de que entrase. Siempre me cuesta cerrar los botes puesto que mis manos duelen habitualmente y tengo muy poco tacto, con lo cual hay veces que me paso un buen rato hasta que lo consigo, o tengo que dejarlo abierto, o bien pido ayuda. El caso es que pensé que como otras veces aquella tapa se me resistía y después de tropecientos intentos, con una fuerza y nerviosismo digno de un video con imagenes a toda pastilla, me doy cuenta que aquella tapa no es la que corresponde al desodorante. ¡Vaya tela! Y de esas unas cuantas en el día. Al terminar, mientras espero que llegue la hora de salir de casa...
¡Por fin! 

Anda si no he comido!" 
Hay días que debo obligarme a comer puesto que nunca tengo hambre. A si que termino de pie en la cocina, tomando medio plato de sopa. 

La tarde se hace amena aunque en la calle hace un frío que pela y aunque la mayor parte del tiempo la paso en el coche o en casa del cliente, temo que el frío me afecte. Una tarde que aproveché con una de las actividades que me sacan una sonrisa: la fotografía. 

       

Por suerte el frío no me afectó y hoy fue un día en el que pude ir al trabajo en la mañana y en la tarde descanso y recuperar. ¡Parece que la tan deseada rutina vuelve!
Ahora es momento de empezar a pensar en visitar la asociación para comenzar alguna actividad y salir a andar todos los días, aunque sean 10 minutos.


Mar.

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