6 de febrero de 2017

No esperes que la vida te de otro revés, busca tu propia luz, tu pequeña cosa.


La vida siempre nos pone a prueba a todos, y más a los que padecemos algún tipo de enfermedad. Si esa enfermedad es crónica y con múltiples síntomas como es mi caso, las pruebas pueden ser muy duras. Nunca se está exento de recaídas y los problemas en nuestro entorno sean de la categoría que sean las hacen insoportables. Aún cuando se tiene una actitud positiva, cuando estar segura de ser fuerte es una ventaja, ahí está la vida para darte una lección más y más fuerte si cabe. Desde el verano esa parece ser la tarea de la vida, una vez más, enseñarme de qué pasta estoy hecha, y no sólo me pone trabas, no, eso será poca cosa, me da unos bofetones del copón. Y ahí sigo yo, empeñada en que nada me hunda, en que de todo se sale y de esta también saldré pero todavía sigo sin ser capaz de dar un buen golpe en la mesa y decir "Hasta aquí" sigo tambaleándome entre hacer más por mí y días en los que me dejo vencer. Parece llegar el límite de mis fuerzas y "zas" allá va otra vuelta de rosca que da la vida. Sin tregua ni posible rendición, no sé si volverme loca, dejarme vencer o gritar a pleno pulmón que ya no puedo con más. Tengo miedo, miedo a gritarlo y que la vida me de una nueva lección y me enseñe a que puedo con más. Alguien de mi familia me dijo en una ocasión: "Que no te de la vida las cosas con las que puedes" cierto, podemos con mucho más de lo que creemos. Lo importante es saber manejar como se lleven y no tragarse todo lo que sientes porque entonces es cuando llega el día en que no se puede con más. Dicho esto, sigo lidiando con la vida, con mi cuerpo y pensando en cómo salir del atolladero y dejar esta etapa atrás. Nadie dijo que fuera fácil pero.... ¡tan difícil tiene que ser! 

Estoy en ello, ya queda menos.

Retomo mis pequeñas cosas, aquellas que me ayudan a superar mis malos días y recuerdo que hubo una primera pequeña cosa que me sacó del pozo:


ESCRIBIR.




Esto es lo que escribí hace unos meses sobre mi pequeña cosa, la que empezó por darme luz.


"Hay días en los que nos sentimos impotentes por nuestros dolores o síntomas, en los que creemos no ser lo suficientemente fuertes, valientes, inteligentes. El entorno no entiende nuestro pesar e incluso estamos en esa fase en la que ni nosotros mismos sabemos que nos pasa. Es entonces cuando nuestra mente empieza a dar vueltas a todas nuestras preocupaciones y cada vez nos hundimos más, nos agobiamos, nos estresamos y ya no vemos ninguna salida o solución. 

Todos pasamos por esa fase y por ello quiero contaros aquellas pequeñas cosas que sin darme cuenta al principio me ayudaron a salir de un pozo muy profundo.

Escribir, tan simple y tan complicado pensaréis algunos. Cierto. Hubo un momento entre tanta apatía e incomprensión por mi persona que todo me daba igual. Mis días eran rutinas sin salir de casa y sin nada a lo que aferrarme. Desgraciadamente, la vida puso una piedra muy grande en mi camino: a mi hermana la detectaron un cancer y su primer diagnóstico era muy grave. Con aquella noticia, mi estado pasó a un segundo plano y me volqué en atender a mi hermana, cosa que agravaba mucho mi estado de salud. Un día ella me propuso que hiciera el diario que no podía escribir porque quería luchar y que sus hijos al ser mayores supieran de su lucha y de que nunca había que rendirse. Aquello me hizo pensar en que yo me había dado por vencida hace tiempo y que nunca iba a ser capaz de salir adelante. Empecé a escribir. Recuerdo que me ponía con un bolígrafo o lápiz y un papel en blanco y solo salían lágrimas de mis ojos, hacia garabatos, rompía el papel con el lápiz, ninguna palabra. Cada día me esforzaba, escribía una palabra y rompía el papel, escribía una frase y la tachaba porque no tenía coherencia. Hasta que poco a poco dejé de romper y tachar, dejaba todo lo que escribía aunque no tuviera sentido y al día siguiente lo leía. Descubrí que al día siguiente tenía cierto sentido y empecé á recomponer con sentido aquellos sentimientos que plasmaba en el papel sin darme cuenta.

Ese fue el inicio de una de aquellas pequeñas cosas que me ayudaron. El tiempo quiso que mi hermana saliera bien de aquello y yo seguí escribiendo, sin duda una gran terapia para mí. 

No esperes a que pase algo malo en tu vida para que tengas que empezar. Busca algo, tu pequeña cosa, aquello que siempre te gustó y que aún puedes hacer. Aférrate a ello y aunque en un principio tengas que romper el papel, dejarlo a medias o repetirlo una y otra vez sin resultados, llegue a ser algo importante en tu día a día. 

¿Os cuento un secreto? Encontré otro hobby que me da la vida. Hace 6 años empecé a ir algún domingo a ver fútbol con mis hijos. Al año siguiente me aboné y sigo yendo cada 15 días al campo a ver a mi equipo jugar. Hay días que mi pequeña cosa se convierte en algo muy grande por el esfuerzo que tengo que hacer pero gracias a eso me supero y me sirve de repulsivo. Son pequeñas batallas que voy ganando a la fibromialgia."




Mar

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