24 de abril de 2015

No siempre fui feliz.

Nunca he escrito sobre mi fase más negra en el transcurso de mi vida a causa de la fibromialgia. Decido hacerlo ahora porque quiero que entendáis que yo no siempre he sido "La super Happy" como muchos creéis, que todo lleva su tiempo, todo ha tenido un aprendizaje, asimilación y por supuesto un buen empujón. Una etapa por la que, por desgracia casi todos los enfermos pasan o están pasando.
De esa etapa tengo muchos momentos y acontecimientos olvidados. Mi mente me hizo el favor de borrar muchos malos pero también me perdí muchos buenos, no supe aprovecharlos.
Todo empezó con mis 14 años cuando me diagnosticaron reuma por mis dolores y unos marcadores altos en "ASLO" los marcadores normales eran 200-250 y yo solía tenerlos en 500-800. Esos marcadores en los años 80 eran sinónimo de reuma, hoy en día ni siquiera se tienen en cuenta. Así pasaron 2 años en los que me refugiaba en la calle con mis amigos puesto que en casa no entendían que todo el día estuviera parada, durmiendo o sin hacer nada. Escondía mis dolores y trastornos de sueño, ni yo misma sé bien porque. Con 17 años recién cumplidos conocí al que hoy es mi marido. Ese año recuerdo que no podía concentrarme bien en los estudios, que me dormía por los rincones, de pie si hacía falta y que mi "pereza" se achacaba a que ya tenía novio. Tuve que dejar los estudios a un paso de selectividad, siendo siempre una chica de media 7-8. Tampoco era capaz de continuar con los idiomas y preparación para hacer turismo que empecé en una academia los sábados. Al poco empecé a trabajar, en la empresa familiar de mi novio y de esa etapa, aún recuerdan lo vaga que era porque no me movía de la silla, no limpiaba los baños y exposición o me encontraban durmiendo apoyada en mi brazo sobre la mesa. Fue una etapa muy dura que yo asumí y creí lo que me decían. Así continúe hasta la llegada de mi primer hijo. El embarazo fue duro, mucho dolor, nauseas y trastornos digestivos, vértigos e inflamación. Mi hijo nació en invierno y para entonces ya había dejado que me pusieran todas las etiquetas posibles y me las creía: "Vaga" "Poco inteligente" "poco puede"  "inutil" etc... Dejé que manipularan mis pensamientos y mi depresión iba apareciendo poco a poco. Dejé de trabajar y mis trastornos de sueño aparecieron con más fuerza y junto con el poco dormir cuando tienes un bebé provocó mi empeoramiento de dolores y demás síntomas. Me veía incapaz de todo. Ojalá hubiera sido solo ese mi problema. Recuerdo que la etapa post parto fue un sin vivir de problemas añadidos:
- la incomprensión
- el trabajo extra con mi hijo
- la casa. Hasta entonces trabajaba y mi suegra se encargaba de la comida, con lo que en casa solo estábamos los fines de semana y no había muchos extras a la hora de limpiar.
- Hubo un continuo ataque a mi persona, supongo que por llamar mi atención a ver si reaccionaba de mi supuesta vagueza
- la gran indefensión por no saber porque yo "era" (estaba) así. 
Además de mi ya deteriorado físico asumí que tenía que valerme yo sola (error que no debéis cometer, ahora me cuesta menos pedir ayuda y reconocer que a veces la necesito) Mi casa y mi hijo eran mi tarea. Aún así, mi pensamiento de ser inútil y no poder con todo no cambiaron. Me esforzaba, no dormía y mis dolores y cansancio iban en aumento. Todo esto sin saber que tenía, hasta que mi hija pequeña no tuvo unos 10 años no supe de mi enfermedad. 
Cuando quedé embarazada de mi segunda hija me propuse "espabilar", ser más optimista y luchar por ser yo misma, poder con todo. Y funcionó pero la raíz del problema continuaba y la mayor parte de los días eran incapaz de pasar sin tumbarme después de las 12 de la mañana. La casa, un niño pequeño, embarazada. Además tuve problemas desde el 4ºmes de embarazo. Tenía contracciones y me mandaron reposo ¡Reposo con un niño pequeño! cada semana tenía que ir a registro para controlar mis contracciones y siempre seguían ahí y me volvían a mandar reposar porque si no iba a ser prematura. El caso es que en esa etapa me sentí mejor mentalmente puesto que si decía que me encontraba mal me comprendían y dejaba que me cuidaran. Mi fuerza mental duró hasta que la niña hizo unos 5 meses. Entonces el batacazo fue mayor y entré en una depresión tan profunda que lo único que pensaba era en desaparecer, meterme en la cama y no salir. Como aquello era imposible decidí por encima de lo que me decían todos, irme a vivir a casa de mi madre. Ni siquiera mi madre quería pero mi único pensamiento era que si estaba en su casa, mis hijos estarían atendidos y yo podría desaparecer entre las sabanas de la cama.
Mis recuerdos del tiempo que estuve allí son prácticamente nulos. Solo recuerdo el pensar que "cabr.." era mi madre porque me obligaba a atender a los niños yo. Ella dijo que me cuidaría, me prepararía todo lo que necesitase, que se encargaría de las tareas, la comida pero que de mis hijos me encargaba yo. Durante ese tiempo se casaron dos de mis hermano. Sus bodas apenas las recuerdo. Después de unos meses que tampoco se cuantos fueron, volví a casa con el convencimiento de todos de mi mejoría, mejoría que yo fingí para que me dejaran en paz. Mi mente vaga por esa etapa, tiene recuerdos sueltos que no sabría decir que fue antes o que después. Cada vez que sale a conversación algo que ocurrió, yo o no recuerdo o tengo una percepción diferente. Lo que sí tengo claro es mi sentimiento negativo, los dolores y cansancio por nada y el amor incondicional a mis hijos.
Ya en casa recuerdo uno de esos días sin poder moverme, con los peques a tope de actividad que empecé a angustiarme y con mareos (hoy supongo que fue un ataque de ansiedad o un sincope por falta de sueño por los sintomas que mostré y hoy reconozco) me sentí desmayar a si que puse a la peque en la silla y la até, les puse dibujos en la TV y cerré la puerta para que no pudieran salir del salón mientras llamaba, ya no recuerdo bien a quien, para avisar. Me ingresaron 2 semanas pensando que podría haberme dado un principio de embolia puesto que no tenía fuerza en el lado derecho del cuerpo. A partir de ahí empezó una odisea de pruebas, especialistas, más pruebas. Esto duró unos 3-4 años (ya digo que no recuerdo bien) nunca dieron con lo que me pasaba, todo daba bien, nada extraño y el siguiente paso: medico de familia y psicólogo que derivó en psiquiatra. Ya veís, estaba con trastornos mentales, había que encontrar el problema. Y el problema no estaba en mi cabeza. 
Con todo este sin sentido y en la vorágine del mayor pozo oscuro que he visto ( y espero no ver más) mis hijos crecían y yo vivía para ellos y como buenamente podía. Hasta decir basta. Ahora todos entienden mi comportamiento y aunque nadie me dice nada, sé que en el fondo se arrepienten de no haberme creído. A nadie le gusta hablar de esa etapa y si sale algún recordatorio de entonces es contando la boda de tal o el bautizo de cual. Cuando me preguntan ¿Te acuerdas de...? Yo siempre contesto lo mismo, no. Una etapa de la que por suerte o desgracia es muy difusa pero con una única certeza y recuerdo: mis dolores, mi indefensión, mi sensación de tristeza profunda y el amor y cuidados hacia mis hijos. Gracias a ellos salí adelante, gracias a mi y solo a mi (hoy en día empiezo a tener seguridad en mi misma y debo reconocermelo) salí de aquel pozo negro, luchando sola y contra todos. De esa etapa debo y quiero agradecer a mi madre por  cuidar de mi contra viento y marea, por el detalle que para mi fue el único gesto que me forzó a vivir y no tirar la toalla como era mi intención , obligándome a cuidar de mis hijos y no ponérmelo fácil. A mi marido porque sin comprender y pese a su tozudez no renunció a estar a mi lado, sé que quizás después de mi y junto a mi madre fue el que más sufrió y a día de hoy comprende y apoya. A mis hijos porque aun sin ser conscientes fueron los que me ataron a este mundo real llamado tierra. A mis hermanos que tuvieron también su parte de sufrimiento y tuvieron su mano tendida aunque yo no supe aprovecharla. Y esecialmente a mi sol, mi hermana Rosa que fue la luz al final del túnel, la que me guió y me terminó de sacar del todo de aquella etapa maldita, etapa a la que debo ser quien soy y toda la esperiencia que acumulo.


Espero y deseo que si tú estas pasando por esa etapa tan negra tengas la completa confianza en que se puede salir, yo tiendo mi mano, puedes dejarme un comentario anónimo, puedes escribirme un correo a marosazul@gmail.com si necesitas salir de ese pozo y no puedes sola o solo. Ánimate a darme la mano, intentaré por mi parte darte el apoyo que puedas necesitar.

Mar.

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