22 de abril de 2015

Forjando mi fuerza de voluntad.

Nunca tuve voluntad, empecé mil cosas, mil cosas abandoné. Demasiado para llevar a cuestas sin tener una pizca de confianza en mi misma. Esa confianza que voy ganando poco a poco gracias a mi cambio de actitud, a ver las cosas desde otra perspectiva más positiva.
Sin duda la confianza me está dando pie a ser más constante, más fuerte y en consecuencia ganar esa voluntad que nunca tuve.
En estos días en que hago un cambio importante en mi vida, cambio con vistas a cuidar más de mi, mi salud tanto física como mental, me sorprendo a mi misma con actitudes que jamás pensé que serían posibles.
Por eso me doy cuenta de que todos somos capaces de cambiar, de ser mejores con nosotros mismos, de querernos.
Hace nada puse un tuit, de esos que lees en muchas ocasiones y gustan pero nunca me vi poniéndolo yo. ¿Por qué? Os preguntareis. Simple, nunca creí en mis posibilidades. Si lo leía me parecía estupendo pero si lo ponía yo me parecía egocéntrico. Hoy veo que desde mi creencia en mi misma y siempre con humildad soy capaz de romper un bloque de hielo que lleva mucho tiempo dentro. 
Trasladando mi estado de ánimo, mi capacidad de cambio y dando aliento, puedo ayudar a que aquellas personas que pasan por una depresión, una etapa maldita, por la que yo pasé y superé, que sean conscientes de que poco a poco se puede superar. 
Anoche, mientras fumaba (si, ya sé, tengo que dejarlo) en la terraza, escuché a dos personas discutiendo y una de ellas, lloraba y estaba superada por la situación, mientras la otra se alimentaba de esa debilidad y aprovechaba para sentirse muy superior. De pronto sentí una angustia y sin darme cuenta me levanté y asomé para dar una voz y decir "¡Ya basta! No ves que la estás haciendo mucho daño" no vi a las personas en cuestión, supongo que algún árbol o el propio edificio las tapaba y mientras buscaba, la discusión cesó por lo que no me dio tiempo a vocear aquello que me había nacido dentro. Al cabo de un rato, me di cuenta que lo que me había pasado era fruto de mis recuerdos, inmediatamente me había puesto en el lugar de la persona débil, por aquello había pasado yo mil veces, cuando estaba con depresión y desquiciaba a alguno de mis allegados. Supe en ese mismo instante por lo que estaba pasando esa persona y también supe que yo, lo había superado. La fuerza y sobre todo creer en mi misma me ha cambiado y ya no le permito a nadie hablarme en tono condescendiente y no respetarme. Soy capaz de afrontar cosas que ni pensaba. Antes, yo misma me creía una mierda (con perdón) es lo que me hacían sentir. Ahora sé que no lo soy y que nadie tiene derecho a tratarme a mi o a nadie sin respeto.


En resumidas cuentas: 
El cambio empieza por no creer lo que los demás piensan, lo importante es lo que uno mismo piensa y lo que cree. El respeto por uno mismo es fundamental y por supuesto crear respeto en tu entorno con tus actos y palabras. No podemos cambiar la actitud de los demás pero si cambiar la nuestra.
Mi cambio empezó por cambiar la forma de ver las cosas, disfrutar de esos pequeños detalles a los que antes no prestaba atención (solo pensaba en mi dolor) dejar de sentirme víctima de la situación, coger las riendas de mi propia vida y creer que puedo cambiarla. Saber que cada día es un continuo aprendizaje. 
A día de hoy empiezo a tener esa fuerza de voluntad que no tenía, ahora solo tengo que ser constante, seguir aprendiendo y no dar marcha atrás. Habrá días malos en los que parecerá que no puedo continuar pero debo saber que solo es un pequeño inciso antes de continuar dando nuevos pasos.

Mar.

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