3 de agosto de 2014

Un aliento en el camino...

Perdida por los inmensurables paisajes de "su compañera", paseando los ya visitados, descubriendo los nuevos. En un universo que no conoce el fin. Con la sonrisa por bandera y la angustia en el corazón, esperanzada por tan solo un alto en el camino para aprovisionarse de nuevas sonrisas y descubrir que todavía puede disfrutar de aquellas pequeñas cosas que le hacen evadirse de su cruda realidad. Las estaciones pasan, los paisajes cambian y "su compañera" acecha cual lobo a un corral de ovejas, esperando pacientemente el resquicio por el que colarse o escudriñando el sitio más bajo por el que saltar y dar caza a su presa.
Y su tiempo pasa y las piedras del camino cada vez más altas, pero sigue sin desfallecer y en cada piedra que escala se asoma en lo alto del precipicio y coge aire, respira profundo, una lágrima recorre su mejilla y descubre que hasta las lágrimas pueden aportar un poco de sal a la vida, a su vida.
Sin saber cual es el motivo de su camino continua, ella cree que de todo se aprende y observa el paisaje desde la distancia, y piensa: "La esperanza, el aprendizaje de otros leyendo la historia que algún día aporte con mis vivencias y cuando mi cuerpo inerte sobre una mesa de algún laboratorio se halle, algún descubrimiento hará posible que los que caminen por ese mismo sendero detrás de mi, les libere de escalar y escalar piedras el resto de sus vidas."
Si, son tristes palabras pero más triste es no poder lanzarlas al viento, estar atrapada en sentimientos y no poder expresarlos. Una terapia para el alma las letras, un pequeño alto en el camino...
¡Por fin!
Una sonrisa en el rostro, sincera, siempre se le puede ganar una batalla a la fibromialgia, aunque solo sea por un momento, el momento que dura escribir estas letras.



Mar, rosa azul.

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