27 de julio de 2014

Cuando una sesión de cine se convierte en pesadilla.

En uno de esos días en los que físicamente estas molida, igual que si te hubieran pegado una soberana paliza, en los que el tiempo se detiene y el día parece interminable...

Con una preocupación que corta la respiración y hace que tu cuerpo se resienta, los músculos se agarrotan y necesitas escapar, tuve la "genial idea" de aceptar un plan para cenar e ir al cine. Aún sabiendo que mi cuerpo a última hora del día es un martirio por los dolores que acumulé durante el día, un día difícil. Aún así, acepté, porque necesitaba desconectar, evadirme y pensé que entrar en una sala de cine me haría olvidar. ¡Cuan equivocada estaba! En la cena ya noté mi dificultad al sentarme, mi dolor en las caderas, las piernas e incluso en los brazo pero el plan ya estaba en marcha y no quise defraudar. Sí, lo hice por no defraudar, por intentar ser normal cuando sé que hasta los planes más sencillos, los más normales, para mi, a veces resultan una pesadilla. Pesadilla en la que se convirtió la noche pues dos horas y media sentada en una cómoda butaca de una gran sala de cine fue un suplicio y además mi mente no dejó de dar vueltas a la preocupación y a mis inmensos dolores.
Intentaba concentrarme en la película, a veces lo conseguía, cogía una postura más o menos cómoda, hasta que el dolor me devolvía a la realidad. Con un nudo en el estomago que me producía ansiedad, con un nudo en la garganta que me hacia sentir ganas de llorar, de chillar. Aún así callé, aguanté, me retorcí tropecientas veces en la butaca cambiando de postura. Incluso llegué a creerme insensible al dolor, mi mente es capaz de eso cuando llego al límite durante un breve momento, es como si sintiera el tacto del dolor pero no su sentimiento. 
Difícil de explicar, más difícil de entender.
Aquella película que nunca olvidaré, no por ser buena o mala, graciosa o sentimental, sino por cuanto tuve que aguantar. Esa película: "El amanecer del planeta de los simios" nunca la olvidaré.
Y a pesar de tanto aguante, de tanto dolor acumulado, aún sentí otro dolor mayor y no físico. Me sentí un bicho raro, sentí como es estar en el punto de mira de toda una sala llena, miradas de compasión, incomprensión. 
Al acabar la película me creí incapaz de levantarme, de poder andar y menos de bajar escaleras. Miré hacia la puerta de salida y pensé en lo largo del trayecto, no me veía capaz de llegar hasta allí sin ayuda. Me levanté y un calambre recorrió desde la zona lumbar, pasando por la parte posterior de mis caderas y bajando por las piernas. Me sujeté como pude y empecé a dar pasos. Estaba en la última fila de la sala de cine más grande que hay en todo Madrid.



 La gente de mi alrededor empezó a mirarme, con cara de "y a esta que le pasa" o "pobrecita" mi marido había empezado a bajar sin mirar atrás y mi hija detrás de él. Cuando llegué al principio de la escalera, ya no había donde sujetarme por lo que tuve que pegar un grito para que ambos se volvieran. Aquí llegó el dolor más grande de todos. Muchos giraron la cabeza al oír mi voz en grito, entre ellos mi gente. Mi hija enseguida entendió y se acercó a mi, me dijo: "venga mamá, sujétate" y se puso delante de mi para que yo, apoyandome en su hombro, y estoy segura que aún haciéndole daño, pudiera bajar los escalones. Mi marido en cambio dijo: "madre mía, pronto no vamos a poder sacarte de casa" aquello si dolió. Sé que no lo hizo con intención, se que solo bromeaba con lo de que estoy mayor y eso, pero tuve la sensación de que le dí vergüenza ajena. Sin embargo me di cuenta que mi hija me entendió bien y a pesar de todas las miradas que se fijaban en mí a ella eso no le importó y cada escalera que bajaba ella me miraba para saber si podía seguir o paraba. Ella no se avergonzaba de mí. Eso me alivió de sentirme rara, me evadió de las miradas de la gente, de la incomprensión, del dolor de la vergüenza ajena que a veces creo que tienen al verme así.
Hace tiempo que no me sentía observada, pero de tarde en tarde vuelve a surgir y no es solo una sensación, es real, tan real como mis dolores...

Mar.

2 comentarios:

  1. Te comprendo, también padezco fibromialgia y fatiga crónica. Intento no pensar mucho y administrar mis energías porque no tengo ayuda, es decir tengo gente que mas bien necesita de mí, una madre mayor, una hermana adorable que tuvo un gravisimo problema de salud y hasta mi perra no está bien, así que ya ves jaja. mañana iré a trabajar llorando durante el viaje y luego comenzará mi gran papel como todos los días, pero como dice una frase: nunca la noche venció al amanecer! así que seguiremos adelante amiga, un abrazo, Anarige ( de Twitter)

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  2. Gracias tesoro, yo tengo a mi cargo a dos adolescentes, mi marido aunque a veces ellos cuidan de mi, una hermana que pasó por una grave enfermedad que me enseñó a luchar y que la vida hay que saborearla. Cuida mucho de tu mami, tu hermana y tu perrita. Y deja energías para cuidarte tú!!! Besitos!!!

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