15 de junio de 2014

¡Que me llamen loca si quieren!

Hay días que comprender como me siento es tarea ardua. Explicar por qué haces unas cosas y otras no, impracticable. Al menos ya no busco la atención de nadie, ni la palmadita en la espalda. Me vale con saber que he sido capaz de algo, me empuja a seguir luchando día a día.

Hoy es uno de esos días.

El viernes desperté con rigidez y un malestar de estomago que me obligó a quedarme en cama, en consecuencia sabía que ir el domingo al partido de mi equipo iba a ser una tarea complicada, ya no solo por recuperarme a tiempo , que también, si no porque sabía que me iban a decir eso de: "para unas cosas bien y para otras mal" en fin, ya forma parte de mi vida y cada vez hago mas oídos sordos, al igual que aquellos que lo dicen no hacen nada por ver mi realidad.

Durante todo el sábado tuve los típicos mareos causados por las cervicales, que sin llegar a vértigos me producían un tambaleo e incluso irme al suelo cada vez que hacía un movimiento de cabeza un poco rápido. Aún así, me esforcé por cumplir con mis tareas y dejar la comida del día siguiente hecha para poder ir al encuentro del domingo.

El domingo desperté a las 8:00 terminé de preparar para irme, no sin dificultad y salí de casa con el ánimo apagado solo pensando en que podría desvanecerme en cualquier momento, fastidiaría el día a mis hijos, me caería la bronca del siglo... "Pero pudo más mi egoísmo"... no, mejor dicho, mi coraje de lucha, mi amor propio por algo que me da vida y de la única actividad fuera de casa que puedo compartir con mis hijos.
A las 9:30 salíamos de casa, como apunté antes, con el ánimo caído. Al llegar a Butarque dimos la bienvenida al equipo, con aplausos, cánticos y al cabo de un rato me tuve que apartar y sentar en un bordillo, parar. Dejé que el aire me refrescara el rostro, respiré y pedí a mi cuerpo un esfuerzo: 

"aguanta, por favor, aguanta".

Al cabo de un rato se abrían las puertas y entré junto a mis hijos al campo para sentarme, pensando que sentada se pasaría algo mi malestar ¡Cuan equivocada estaba! Para mi decepción, el estar sentada en la grada, sin poder apoyar la cabeza fue una pesadilla. El tiempo empezó a pasar muy despacio, se me hizo interminable. En estos momentos en cuando realmente notas lo capaz que eres de aguantar, de luchar. A partir de aquí comienza una lucha interna para que el resto no se de cuenta de que lo estás pasando mal y anulas el entorno, no eres consciente de lo que pasa, lo único que notas es el dolor y ese mareo que te da la sensación de desmayo en cualquier momento. Comienza el partido y me evado un poco pero no puedo disfrutar como es debido. Al cabo de media hora, mi compañero de butaca me pregunta que si estoy bien, "te veo muy pálida" ¡Pálida! Yo tengo la sensación de que voy a desmayarme allí mismo. Le sonrio, le digo que si y bebo agua con la esperanza de que se me pase. Así, tengo ratos bien, ratos mal, hasta que llega el peor. Estábamos ya en la segunda parte y a pesar de no creer poder llegar sola al baño, disimulo, me hago la fuerte y digo que voy al baño. Mis hijos y mis compañeros de todos los domingos (espero que si leen esto sepan entenderme y perdonarme) me miran con cara de preocupación, insisten en acompañarme, pero les digo: "no, estoy bien, no os preocupéis" (¿Como voy a preocuparles en un momento tan importante y emocionante?) y comienzo a bajar las escaleras de las gradas, grandes escaleras que voy tanteando con los pies, bajándolas de lado para no caer y con una sensación de vértigo apabullante. Y poco a poco consigo llegar al baño. Me siento un rato, en el suelo, no estoy para remilgos, apoyo la cabeza atrás y respiro hondo. Al cabo de un rato me levanto, despacio y me lavo la cara, dejo el agua correr para que esté lo más fría posible. Me echo agua en la nuca, las muñecas, la cara y ahora parece que estoy un poco mejor a si que vuelvo a mi sitio, no sin antes tropezarme con una escalera y casi besar el suelo pero bueno ¡Es Butarque! Si hay que besarlo, se besa ;-) Pienso en cuantas mañanas de domingo he sido feliz allí y que es el último partido de la temporada y sigo luchando!!! Pronto llega el primer gol de mi equipo y me vengo arriba, sin movimientos bruscos, con cuidado pero empiezo a disfrutar del partido. Quizás tarde, quizás dejé muchos minutos por disfrutar pero estuve allí, vi a mi equipo ganar, sigo soñando con y por mi equipo, sigo luchando porque está maldita enfermedad no me quité lo poco que tengo para disfrutar.
Hoy sufrí en el campo y no fue por mi equipo. Hoy sufrí por plantarle cara a "mi compañera" y pienso seguir plantándole cara mientras pueda.
Ahora solo me queda aguantar, hacerme la fuerte para no tener que volver a oír ciertas acusaciones y seguir. Mañana seguramente tendrán que llevarme a trabajar, no estoy para conducir pero iré ¡Vaya si iré! Luchando como un día de partido, aunque ese esfuerzo no se vea y pase desapercibido.
Y lucharé pero sobre todo soñaré porque los sueños pueden cumplirse y soñar con mi equipo me da vida, me hace fuerte y me ilusiona a seguir día a día. 

                        ¡Que me llamen loca si quieren! 

                 


Mar.

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