26 de abril de 2014

Un rencor, un enfado. Que dure como un suspiro.

Hecho un nudo en el corazón y envuelta en niebla el alma. Mil punzadas te clavan y mil veces duelen. Aprendí a que las cosas que dicen no me afectasen, aún así, una es humana y sensible. Un mal día lo tiene cualquiera y eso no da derecho a herir con las palabras.
Aprendo rápido y también soy excesivamente sensible, mas cuando el día no está siendo bueno. 
Las palabras y la forma de expresarlas a veces hieren, duelen, dan coraje, te hacen sentir impotencia y finalmente mueren en los labios de quien las pronuncian pues como un veneno amargan y pesan cuando son maduradas. Entonces el infractor o infractores rectifican, cambian su actitud hacia una y aún así no son capaces de articular palabras que curan el alma. Un "lo siento" "perdóname""te comprendo" "te sigo queriendo" 
Soy lo suficientemente sensata como para no dejar rencor en mi corazón y aunque pase unas horas con resentimiento todo se borra con una sonrisa. Sonrisas en familia por bobadas, un beso, una caricia, una conversación normalizada y punto final. La vida sigue igual, yo con mis dolores y mis sonrisas, ellos con su rutina, sus días llenos de esperanza por que esté recuperada mañana y su olvido cada dos días de mi enfermedad.
Y aún puedo decir en voz alta que soy afortunada, no les cambiaría por nada. Familia, amigos, compañeros, todos ellos me mantienen viva.

               

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